miércoles, 19 de julio de 2017

El despertar de La Sombra

Las pequeñas llamas danzaban sobre la cera de las velas que se consumían tan despacio como el tiempo se sucedía para el anciano que, despacio, se sentó y con mucha dificultad sobre el taburete de vieja madera. Con un rostro repleto de arrugas y una cabeza casi carente de cabello, tomó una viejísima pluma a la que profesaba un enorme cariño y la mojó en tinta. Estaba nervioso. Altas horas eran en la noche y no podía dormir. Sentía, de alguna forma, que le vigilaban. Ojos austeros, ojos oscuros y apagados que no podía discernir en la penumbra, no dejaban de recorrer su casi esquelética figura. Tosió. Estaba enfermo. Casi se desgañitó tratando de no derramar sangre sobre el viejo papiro que tenía en frente. Alucinaciones, quiso decirse. Sólo eran delirios causados por la enfermedad. Debía distraerse y para ello, siempre recurría al mismo ritual que su buena y dulce madre le aconsejó y enseñó: escribir. Escribir era la mayor puerta, así como leer, para escapar del mundo, de la realidad, para adentrarse en lugares inexplorados donde él siempre sería el primero. Habían pasado más de 60 años de aquello y aún la recordaba, con los cabellos oscuros como la noche cayéndole en cascada junto a una hermosa sonrisa clara. El anciano sonrió con una gran ternura, tanto que casi se le aguaron los ojos. Suspiró con fuerza, se remangó un poco la manga derecha de su camisón blanco y se preparó para escribir aquella historia tan maravillosa que tantas veces había oido, aquellas historias sobre el origen de un mundo que aprendió a adorar... y a odiar

[Skyrim OST - Dawn]

-En el principio, hubo luz y oscuridad. En el principio hubo bien y mal. En el principio, estuvo Urdil, amo y señor, ama y señora, soberano y soberana. Una entidad sin sexo, sin título, más que un nombre, el nombre del todo. Ello era todo cuanto existía, todo cuanto había eclosionado en el caos, en lo insondable, del gran huevo vacuo que era lo que llamaban mundo, la tierra, Eregon. Y en su soledad, el Todo, Urdil, dio a luz. De su gracia nacieron la hermosa y romántica Seana, de sus deseos nació la sensual y cautivadora Aklys, de su serenidad vino Ecat y, de su sueño, vino el único hombre, Ardum.

Así, la celestial descendencia de Urdil tomó el cascarón que había sido cuna del Todo y queriendo complacerle, dieron forma y adornaron este lugar, dieron luz y oscuridad, dieron mar y tierra, dieron vida y muerte a nuestro hogar, Eregon. Ecat fue quien tomó primer partido, fue quien anduvo sobre la tierra baldía. Y de su cálida piel al caminar brotaron hierbas, árboles, flores de mil colores. De sus suspiros nacieron las aves, de sus caricias los ciervos, de su risa los lobos... de ella, venía la naturaleza. Aklys trajo la muerte, inevitable, a seres que no conocían el sentido de la inmortalidad, pues Ecat no era Urdil, el Todo, que era capaz de crear para que nunca desapareciera. Las hermanas trabajaron codo con codo para mantener un equilibrio, aunque Aklys era tan apasionada y gozaba tanto de la destrucción, que a veces el cielo se llenaba relámpagos que se ligaron, de forma inevitable, a los gemidos de placer de una deidad salvaje que alcanzaba el apogeo del placer cuando esgrimía su poder. Finalmente estuvo Seana... y junto a ella, Ardum. Ambos hijos de Urdil, hermanos a la vez que no lo eran, aprendieron a amarse de una forma que no se amaban las otras dos. Pues la vida y la muerte, Ecat y Aklys, se tocaban la una a la otra con cada minuto que pasaba, siempre unidas, siempre enlazadas, mas Seana y Ardum comprendieron un sentimiento que no pudieron explicar, mas él era un fuego irremediable, aterrador, que destruía lo que no debía, enfureciendo a Ecat y a Aklys. Seana era inmune al toque igneo de Ardum, pero era ella quien le hería si sus pieles se rozaban. De ese modo, Ardum decidió que no podía estar en Eregon y ascendió hacia donde no dañara la obra de sus hermanas, tomando la forma de una radiante esfera de luz que iluminaba el mundo. Y así lloró Seana durante eones, en los confines del mundo, por un amor que nunca pudo cumplir, mirando a un cielo azul y brillante por su amado Ardum. Nacieron de ese modo los mares de sus lágrimas sin fin, danzantes y hermosos como los ojos de la dama, que cansada de llorar, se internó en las aguas que fueron sus lágrimas. Y anduvo entonces hacia el horizonte, fundiéndose con las aguas, mientras veía sonriente cómo Ardum descendía desde el cielo para encontrarla. Allí, en la fina linea que dibuja el límite de la vista, el Ardum el Sol se encontró con Seana la Oceánica, en el llamado crepúsculo. Ardum desde entonces se alza débil y argenteo, del color de la plata, tras encontrarse en el seno de su amada, a lo que hoy llamamos luna...- la mano del anciano cesó en su escritura, sonriente, hasta que las velas se apagaron. La sonrisa se borró de los labios del hombre, que supo en seguida que no era un buen presagio, pues no corría viento alguno. Ipso facto, se llevó una mano al corazón. Se quedó sin aliento.
-Cuentos y leyendas con más mentiras que verdades...- siseó una voz abismal, una sombra en la oscuridad -Llegó la hora, Dagoran- sentenció -El rey ha regresado...- musitó mientras el anciano, Cathor Dagoran, se desplomaba sin vida y con ojos vueltos sobre el escritorio. En el cielo se formó una terrible tormenta.

15 años después...

El Chico y el Espectro del Rey

A la luz de una velita Vael pasaba las páginas del libro con una asombrosa maestría, pues leía con avidez a pesar de que era la 26º vez aproximadamente que se leía ese mismo libro de historias y leyendas de Eregon. Aún así, le fascinaba cada detalle que se narraba en el libro y el suave mecido del navío en el que navegaba ayudaba con creces a crear un ambiente relajante, siempre y cuando no le pillaran con el libro entre las manos. Por lo general, era lo bastante avispado como para encontrar un buen escondite para poder leer tranquilamente, pero en otras ocaciones, se adentraba tanto entre sus letras que no era capaz de sentir siquiera que tras él había unos ojillos brillantes contemplándole -Sabes que padre va a darte de azotes con la espada si te pilla- dijo la graciosa voz de una jovencita de 10 años
-¡Joder!- exclamó Vael, dejando caer la vela y el libro. Afortunadamente las llamas no tocaron el papel encuadernado -Nyr...- suspiró -¿Por qué no estás dormida?-
-Eso podría preguntarte yo ¿No?- la niña afiló la mirada. Era joven sin duda, pero espabilada como pocas. Su padre, y el padre adoptivo de Vael, Dorren Marduk, capitán del barco, se había ocupado personalmente de ello -¿Otra vez con cuentos de viejas chochas?-
-Qué sabrás tú...- bufó el muchacho, recogiendo el libro y poniéndose en pie, asomándose por la borda para mirar el mar nocturno, apenas iluminado por la luna -Una mocosa que no sabe apreciar un libro. De hecho ¿No sabías leer, no?- se burló
-Sé hacer muchas cosas, Tontoel- se enfadó, llamándole por el ridículo nombre con el que lo bautizó. A fin de cuentas no dejaba de tener 10 años y a veces la imaginación no le daba para más -¿Te enseño alguna?- sonrió
-Deja esos humos, Nyr... eres una niña-
-Padre me ha enseñado ¡Y dice que debo hacerlo!- Vael sabía muy bien a qué se refería
-¡Tienes 10 años! Ni siquiera tienes tetas y ya vas vacilando de lo que sabes hacerle a un hombre-
-Y a una mujer- puso los brazos en jarra -Dice padre que es mi mejor arma- Vael arqueó una ceja
-Me pregunto cómo te habrá enseñado ese viejo...- no continuó la frase
-Si imaginas que me ha enseñado haciéndome cosas te equivocas- negó con la cabeza -Soy su dulce hija, nunca me haría mal. Sólo me lo ha explicado o enseñado con fulunas de Puerto Umbra- sonrió orgullosa
-Sigo pensando que no es una buena... educación... para una cría-
-¡Vete a la mierda, Tontoel! Tendré 10 años pero soy toda una mujer ¡También puedo patearte el culo usando una espada!-
-¡No grites!- chistó Vael
-Bueno, bueno, bueno...- dijo de pronto una voz, saliendo subiendo de la bodega -Resulta que dos ratitas se han escapado y corretean por cubierta-
-¡Padre!- la niña corrió hacia Dorren y lo abrazó con fuerza. El capitán pirata, desaliñado y mal afeitado, acarició los cabellos de la niña
-¿Por qué no te vas a dormir, preciosa?-
-Tontoel me estaba provocando-
-¿Y no le has provocado tú antes?- dijo con mirada significativa, sonriente. La había oido -Te dije que con él, no- aleccionó -Vael no es un hombre al que debas embaucar. Él es tu hermano. Siempre estará de tu lado sin necesidad de que lo sometas-
-Me gusta someter- infló los mofletes -Me gusta que hagan lo que digo- Dorren rió
-Aún eres pequeña, Nyr. En unos años serás más mayor, tendrás atributos que sólo tiene una mujer adulta y entonces será cuando realmente te hagan caso- se arrodilló hasta su altura
-Pero los hombres me hacen caso. Bolag, Merron, Ulthier...-
-Te hacen caso porque son mis marineros- rió Dorren, despeinándola -Y saben que si te desobedecen les cortaré los huevos y...-
-...se los tirarás a los tiburones- rió graciosa la jovencita
-Eso es, cariño. Ahora anda, ve a dormir. Papá va a hablar un poco con Vael- la niña asintió, miró por ultima vez a su hermanastro y regresó a la cama.

-¿Me bajo los pantalones?- preguntó Vael de mala gana
-Sí, pero para que te la meta por el culo- lo agarró del cuello de la amplia camisa andrajosa que llevaba -¿Tú no aprendes, no?- dijo amenazante -Te he dicho mil veces que nada de merodear por la noche por el barco... y menos para leer ese estúpido libro una y otra vez-
-Sí, capitán...-
-"Sí, capitán" los cojones, muchacho- lo soltó con un empujón -¿Se puede saber qué te pasa? Casi he perdido la cuenta de los años que hace que te acogí en mi navío y últimamente no haces más que comportarte como un completo gilipollas-
-¿Por querer leer?-
-¡Por querer leer esa mierda!- señaló el libro -Eres el único a parte de mí que saber leer en este puto trozo de madera flotante y lo malgastas con mamarrachadas del Pentagon e historia pasada ¿Qué? ¿Quieres ver al Nigromante, chico? ¿Quieres ver dragones? ¿Es que sueñas con poder ver alguna vez a los titanes de Itherwen?- Vael suspiró
-Son sólo historias... que me gusta imaginar-
-Vael, hijo...- Dorren le apretó un hombro -Imaginar es divertido, está bien... pero ya no eres un niño. Como Nyr pronto dejará de ser una niña. Necesito tu cuerpo descansado y tu mente despejada. Somos piratas, chico. No podemos permitirnos dormirnos en los laureles. Nunca sabemos cuando podemos encontrarnos con una embarcación militar, ni puedes desembarcar mirando al cielo queriendo ver criaturas de fantasía mientras soldados armados se te acercan por todos los flancos- Vael suspiró y Dorren le agarró con más énfasis, mirándole a los ojos con amabilidad -Sé que soy un viejo gruñón y aún lo seré más con el paso de los años, Vael, pero debes entenderlo. Si quieres navegar a mi lado, si quieres formar parte de esta familia que es el Reinolibre, debes madurar y crecer- tras un breve momento de silencio, Vael asintió -Dame el libro, hijo- Vael se lo entregó, para finalmente ver cómo su padre adoptivo lo arrojaba por la borda -Bien- sonrió -Bienvenido de nuevo a casa, Vael- le dio un par de palmadas en la espalda y se marchó a la bodega -¡Y ven a dormir!- ordenó.

Vael, sin embargo, aguardó sobre cubierta un buen rato. Asomado por sobre la borda, por donde el libro había caido. Sentía que había perdido algo importante, pero se sabía las historias de memoria. Sin embargo, aceptaba las palabras de Dorren. Debía terminar de crecer. Fortalecerse, endurecerse. Ya conocía las historias, ahora sólo necesitaba seguir viviendo para poder comprobar alguna vez si eran realmente ciertas -Sé que lo has visto y oido todo- musitó a la nada, a la quietud del viento, que casi parecía haberse detenido -No lo echaré de menos-
-Estoy seguro- dijo una voz algo distorsonada en principio para finalmente tomar forma tras él. Un cuerpo neblinoso y brumoso comenzó a tomar forma hasta adoptar la forma de un hombre adulto, alto y fornido, envuelto en una raida capa marrón y una capucha. Su barba era lo poco que asomaba de la sombra de la capucha, que envolvía su rostro en tinieblas -Aunque si quieres que lo recupere...-
-No hace falta- sonrió
-Siempre puedo volver a contarte esas historias yo mismo. Al menos las que he vivido- dijo con tono amable, aunque la voz aún sonaba algo espectral, con un eco fantasmagórico
-Eres amable como siempre Ardras pero... no. Es hora de hacerme un hombre- se separó de la baranda
-Ya lo eres Vael. Te he visto crecer. Y lo seguiré haciendo-
-Es irremediable- se encogió de hombros Vael con tono jocoso -Estamos inevitablemente unidos por un lazo sabe Urdil por qué-
-Yo también lo desconozco, ya lo sabes. Aunque afortunadamente, podremos encontrar la forma de solucionarlo-
-No sabía que era una molestia para ti- sonrió Vael
-Una molestia horrenda. Ojalá estuviese enlazado a una dama joven y bella, de voluptuosos pechos y trasero redondo. No me importaría dormir abrazado a ella-
-Tú no duermes Ardras. Eres un espectro-
-Yo no pero ella sí- rió
-Viejo verde...- rió también Vael, relajándose por el encuentro con Dorren
-¿Se puede saber con quién hablas?- preguntó una voz desde las escalinatas a la bodega. Vael miró por un instante al hombre y después miró hacia Ardras, que estaba ahí cruzado de brazos
-Sólo cantaba una canción- mintió Vael
-Pues calla los putos morros y ven a dormir de una vez, cojones. Si Dorren tiene que volver a salir te va a romper cada hueso del cuerpo- ordenó el marinero, cansado de no poder dormir por las voces
-Será mejor que obedezcas- Vael asintió
-Buenas noches, majestad- se burló el chico
-Buenas noches- concluyó Ardras, viendo al chico bajar las escaleras hacia los camastros. Ardras dedicó una última mirada al cielo nocturno, repleto de estrellas. Tal y como vino entonces, envuelto en bruma, se desvaneció en cubierta.

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